23 septiembre 2009

Relatos de una jornada silenciosa.

En biología se me cerraban los ojos de manera constante, no llegaba a visualizar las filminas desde el fondo. Entre los chistes malos del profesor con guardapolvo blanco aspirando a ser un farmacéutico frustado i los isómeros de los aminoácidos, me atragantaba con mi esquisita distracción, *cerealitas*, por supuesto.
En los quince minutos de respiro, salí del aula, me prendí un cigarrillo i bajé las escaleras en dirección a la puerta. Como llovía demasiado, volví a entrar puteando porque tenía antojo de *sprite* y no había forma de ir al kiosco, mojarme? paso, de hecho hacía mucho frio como para temblar empapada la hora i media q faltaba para retitarme.
En la segunda parte de la clase, establecí relación con una compañera, en realidad con dos o tres, no me acuerdo. *Sí, pasá!, esta hoja es para poner el presente?, me das permiso?*, punto, se acabó.
A las cuatro de la tarde entraba a la otra materia, llegué a las cinco. Demoré en entrar porque Natalia estaba explicando i no me daba para hacer pasarela hasta encontrar un banco libre. Miré de reojo la enorme aula repleta de gente, me senté, me calsé los auriculares i me puse a hacer ejercicios de los cuales estoi harta. Salí a fumar, me congelé! *Qué frío que hace acá afuera!* i yo agregué: mal!. Es todo, ah! pronuncié 5 o 6 palabras más para preguntarle un ejercicio a una ayudante (q no tiene idea de la vida). Mejor así, antes que venga James Blunt con cara de psicópata i me pida que le explique mientras tiembla i le sudan las manos.
No es que sea autista ni nada por el estilo, es que la gente de mi facultad es mui rara (demasiado para mi gusto), no me cierra. El entorno facultativo ya no me divierte.

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